empezamos por la capital de la comarca , siendo esta Velez Malaga:
Historia
- La Ciudad musulmana
La ciudad cristiana
La ciudad barroca
El siglo XVIII
La ciudad decimonónica
Primeras décadas del siglo XX
La ciudad musulmana
Durante los siglos XIII al XV Vélez-Málaga se convertirá en una de las ciudades más importantes del reino nazarí, adquiriendo el mayor esplendor como centro urbano y político durante toda la Edad Media. El aspecto que presentaba sería de una ciudad no muy grande, bien fortificada y defendida por un importante recinto amurallado.
La fortaleza, que ocupaba toda la zona superior del cerro, quedaba delimitada por un importante cinturón amurallado reforzado por distintos cubos. Al oeste, y a cierta distancia de aquella, se desarrollaba la medina, hoy conocida como el barrio de la Villa, que tenía que salvar la condicionante dificultad que suponía la accidentada orografía donde se asentaba, por lo que su implantación es escalonada y con una planimetría irregular de laberínticas calles quebradas, estrechas y retorcidas muy adaptadas a la pendiente del terreno.
Los espacios más destacados de este angosto viario, que ha pervivido en gran medida, serán la actual calle Real de la Villa, la calle más espaciosa, y las plazas de Rojas y Espinar, pequeñas plazoletas, que son los elementos urbanísticos que vertebraron aquel conjunto urbano. Son plazas típicamente medievales, que aún se conservan, irregulares, sin perspectivas y con diversidad de funciones.
Todo este núcleo de la medina estaba rodeado por un recinto de murallas torreadas y algunas puertas. Este perímetro defensivo adaptado al terreno marcaba los límites precisos de la medina, con muros de gran altura y un destacado número de torreones, y subsiste en algunos sectores de la ciudad, si bien con innumerables reformas para su conservación.
Las puertas, símbolo de la custodia y guarda de la ciudad, eran como grandes vestíbulos de la ciudad de carácter monumental como lo demuestra la única que se nos conserva, la Puerta Real de La Villa. Su función no era sólo de carácter militar y defensivo, sino que también tenían una funcionalidad civil y administrativa. Contaba la ciudad nazarí con cuatro puertas, conectadas con las distintas vías de comunicación: la del arrabal o San Sebastián, la que comunicaba con el actual barrio del mismo nombre, la Real, junto a la plaza de la Constitución, la de Antequera y la de Granada.
En el siglo XIV la población ya había desbordado los límites amurallados de la ciudad y se habían establecido en dos arrabales, desde la actual plaza de la Constitución hasta San Francisco y el barrio de San Sebastián y la Gloria, ambos en la zona oriental de la ciudad.
La ciudad cristiana
La conquista de la ciudad por los cristianos en 1487 marca un punto de inflexión trascendental en la evolución de la comarca, al intentar imponer un modelo de ciudad diametralmente opuesto al anterior, lo que trae consigo una nueva organización espacial y demográfica.
La corona pretendía deshacerse de los miembros más importantes de la comunidad islámica, descabezando el aparato político y administrativo, mientras que pretendía mantener todo el próspero sistema agrícola especializado de los nazaríes.
Lo accidentado de la orografía se convierte en condicionante geográfico que determina el desarrollo de la nueva ciudad que se quiere proyectar. Así, los costes que supondría la reedificación se imponen sobre cualquier intento de regularizar la antigua ciudad. Ante ello, la incidencia o profundidad de la reforma urbana se centrará únicamente en monumentos singulares (iglesias, conventos, casas consistoriales o casas nobles) y escasos espacios públicos. Todo ello se generará especialmente en el arrabal de San Francisco, mientras que la medina y San Sebastián tendrán puntuales reformas.
En torno a la actual plaza de la Constitución, las autoridades municipales irán procediendo a la reorganización del principal espacio cívico, conformándolo a las necesidades de la nueva sociedad, generando un espacio público de capital importancia, la plaza mayor de la ciudad, que surge en los primeros años tras la conquista, denominándosele en el año 1490 como Plaza Nueva.
Esta plaza será más monumental en la segunda mitad del siglo XVI, con las nuevas edificaciones y reformas arquitectónicas que se desarrollan en ella. Será el caso de las importantes ampliaciones de la iglesia de San Juan y, muy especialmente, la creación de la nueva Casa Cabildo y Consistorio, un gran edificio de planta baja y dos plantas, de estilo renacentista, que se derribó en 1938.
El actual barrio de San Francisco se irá gestando y transformando a lo largo del siglo XVI, si bien debe su nombre por la fundación del convento de la orden franciscana en 1499 en los límites exteriores del arrabal medieval. Este barrio, junto con la zona inmediata de San Juan, capitalizará el área suburbana destinada a residencia de comerciantes y artesanos y asimismo de funcionarios reales y algunos nobles.
Así pues, la ciudad cristiana crece fuera de su recinto amurallado durante todo el siglo XVI, expandiéndose con una orientación meridional y occidental, pero no de forma ordenada, hasta el punto de que los arrabales periféricos terminarán por fundirse en una trama urbana más o menos compacta que constriñe a la vieja medina. No obstante, el cariz de la ciudad musulmana se mantuvo en gran parte de los barrios extramuros, especialmente en San Sebastián y la Gloria, con cuestas empinadas y recónditas casas.
La ciudad barroca
Al adentrarnos en el siglo XVII, el municipio de Vélez-Málaga alcanza una población de unos 4.000 habitantes, la ciudad es eminentemente agrícola, vinculada con un territorio de fuerte desarrollo económico, con periodos de auge y crisis, lo que explicará etapas de febriles reformas urbanas y edificaciones, así como la languidez de otros periodos no tan favorables en el futuro.
Semejante proceso determinará que el cultivo de las viñas, tanto para producir pasas como vinos, comience a perfilarse como un auténtico monocultivo en muchos pagos de la Axarquía. Semejante tendencia se intensificará fuertemente en los siglos XVII y XVIII gracias a la rentabilidad que alcanzará la viticultura y al éxito que de los caldos olorosos de Málaga en el norte de Europa.
La presencia de la iglesia será abrumadora desde el siglo XVI hasta el XVII, donde las diferentes órdenes religiosas que ya estaban en la ciudad o que se habían instalado recientemente irán creando nuevos conventos o reformándolos y ampliando los ya creados.
Es el caso de los franciscanos (convento de San Francisco), las clarisas (convento de Nuestra Señora de Gracia), los capuchinos (convento de San Antonio de Padua), la orden de San Juan de Dios (Hospital de San Juan de Dios) y los carmelitas (monasterio de San José de la Soledad), a los que se unirán a finales del XVII y principios del XVIII las carmelitas descalzas (convento de Jesús, José y María).
La sacralización del espacio urbano significó asimismo la construcción o recuperación de ermitas y otros lugares de culto que a veces apenas si eran más que un pequeño altar o una hornacina en la pared, destacando la creación de la ermita de la Virgen de los Remedios (1649) en el cerro gemelo a la fortaleza.
El siglo XVIII
Vélez-Málaga entra en el siglo XVIII como una continuación del anterior, plenamente inmersa en el Barroco que sigue dominando la sociedad española, integrando en sus estructuras las nuevas corrientes y avances de la Ilustración. Es una ciudad rural, centro de una comarca muy bien delimitada y característica, donde la agricultura de cultivos destinados a la exportación es su principal base económica.
Vélez-Málaga afronta este nuevo siglo con un importante progreso, gracias a la producción vitícola, que favorece un crecimiento demográfico. En 1760 hay 6.738 habitantes convertidos en 12.700 para 1.797. Se puede concebir como un período de prosperidad para la población, que va a sufrir un intenso crecimiento urbano, pudiéndose manifestar que será esta centuria la que conforme plenamente la ciudad en su aspecto externo, su tamaño, estructuras y condiciones urbanas generales.
De norte a sur, encontramos una vía de comunicación que separa en dos partes bien diferenciadas la ciudad. A levante, encaramada a las faldas de Santa María y del castillo, encerrada por las antiguas murallas, está la ciudad vieja, la Villa. También en ese lado de la colina están los barrios de San Sebastián y la Gloria, y a los pies del cerro de San Cristóbal, la barriada del Pajarillo. A occidente de esta larga e irregular vía se sitúan los nuevos barrios.
Bajando de Granada y entrando en la ciudad por la Cruz del Cordero y la plaza de San Juan de Dios, esta arteria principal que mencionamos está formada por la larga y señora calle Coronada, siguiéndola la de la Alhóndiga, y la de San Francisco que nos llevarán atravesando plazas y plazuelas, doblando en recodos o subiendo y bajando cuestas hasta las placetas de la Esperanza y San Roque, por donde saldremos para Algarrobo o la costa. Este era el eje central veleño y en él se encontraba todo lo principal.
Aquí está el gran espacio público por antonomasia, la Plaza. Es el auténtico centro indiscutible de Vélez como lugar que concentra las instituciones locales, civiles, religiosas y económicas.
Partiendo de la arteria principal y de la Plaza Mayor, siguiendo el cauce de los arroyos o los caminos que salen de ella se expande la ciudad, siendo los conventos los grandes focos que ordenan este crecimiento.
El resto de la población se establece a través de hitos secundarios en total vinculación y dependencia con estos grandes focos de interés urbanos con los que engarzan estrechamente. Son principalmente grandes casonas, casas palaciegas o capillas.
La ciudad decimonónica
En el siglo XIX se sigue la tradición y prosperidad que emanaba de la economía agraria comercial y eso da lugar a una riqueza local destacada que es bruscamente frenada por la crisis de la filoxera. A este factor hay que sumar que la centuria es conocida por algunos autores como la de las desgracias, pues está llena de catástrofes de todo tipo: epidemias, temporales, terremotos, guerras, hambruna y plagas.
Grabado de Nicolas Chapuy con una vista general de Vélez-Málaga en 1844.
Lo que sí hay es una ocupación de ese terreno interior como consecuencia de las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y un aprovechamiento de la construcción en altura gracias al uso de nuevos materiales y técnicas.
Las clases burguesas y antiguas familias pudientes van a edificar mansiones de grandes dimensiones de gusto burgués, con fachadas amplias y decoradas siguiendo estilos que proliferan en este tiempo. Estas viviendas emplean nuevos materiales y técnicas constructivas como el hierro en balcones, miradores, columnas, cancelas o barandas pues no podemos olvidar la cercanía de las siderurgias malagueñas.
Las grandes vías burguesas, a modo de bulevares y amplias avenidas, jalonadas de mansiones de alineadas fachadas, alumbrado y demás elementos urbanísticos decimonónicos, serán la calle de las Tiendas, las Monjas, Comedias (Luis de Rute), Paseo Nuevo y ya para finales de siglo y principios del siguiente, la vía que llegará a ser la nueva arteria principal de la localidad, las calles Cristo, Carmelitas y Canalejas.
Los barrios industriales tan característicos en ciudades como Málaga, no se observan en Vélez-Málaga ante su pobre industrialización, a no ser por la creación de molinos aceiteros o fábricas de aguardientes localizadas a las afueras y que sólo afectará a pequeños sectores, como la espalda del convento de las Carmelitas o el conjunto arquitectónico del sindicato.
En cuanto a las barriadas obreras o populares se termina de confirmar la Villa, el arroyo de San Sebastián y la Gloria como zonas populosas, densamente pobladas, de construcciones deficientes, materiales precarios, pequeñas, mal ordenadas y sin saneamientos. En estos barrios se perpetúa el viario de tradición musulmana y se reutilizan las edificaciones antiguas adaptándolas y modificándolas.
El terremoto de 1884 afectará sensiblemente estas construcciones, siendo muy afectada la zona de la Molineta por la mala calidad constructiva. Tras el seísmo se levantará un pequeño barrio con cierta ordenación, en el entorno de la Cruz Verde, camino del cementerio municipal, con aportaciones de ayuda de Cataluña, por lo que se conocerá como Barrio de Barcelona.
Se consolidan igualmente como espacio para las clases bajas, sobre todo jornaleros, cabreros y pequeños campesinos, el entorno de San Juan de Dios, los barrios del Pilar, el Cerrillo, los Pozos Dulces o en el otro extremo el barrio del Pajarillo, sobre las plazas de la Esperanza y San Roque.
Primeras décadas del siglo XX
La comarca de la Axarquía penetró en el nuevo siglo hundida en la crisis económica más profunda que hubiera conocido causada por la filoxera que destruyó los viñedos de toda la provincia. Esta situación fue paliada en cierta medida en el municipio veleño por la industria azucarera, que experimentó un destacado crecimiento y aprovechó la crisis agrícola para favorecer o imponer el cultivo de la caña de azúcar en las zonas de la vega.
Frente a la desagradable venta de la Fortaleza para el desarrollo de una cantera de cal, la municipalidad afronta el nuevo siglo con deseos modernizadores como el cambio de alumbrado público de gas a luz eléctrica y la creación de la línea ferroviaria Málaga-Vélez, con la ilusión de no apearse de los aires regeneradores que aportaba el inicio de la centuria.
Físicamente no se aprecia mucha expansión de la superficie edificada, siguiendo la tónica pasada. Las distintas vías de llegada seguirán poblándose paulatinamente, generando un alargamiento radial de la ciudad. Es el caso de la salida por la amplia y larga plaza de la Cruz del Cordero o el entorno de la actual plaza de los Reyes Católicos hacia el Paseo y la nueva estación ferroviaria.
La Cruz Verde presenta un significativo crecimiento así como la salida hacia Algarrobo y Torrox, completado con el inicio de la edificación hacia Torre del mar frente a lo que queda del convento capuchino de san Antonio que aún está casi en el campo.
Junto a esto, la gran protagonista urbana va a ser la arteria que rodeando el casco antiguo llevaba desde la entrada de Capuchinos a la plaza de las Carmelitas, que va a ir atrayendo un mayor papel ciudadano, para seguir hasta la calle Canalejas, vía que centrará las construcciones de los grupos de posición social y económica más acomodada junto a las tradicionales calles burguesas.
Llegado este momento el actual centro urbano quedaba configurado, pues tras la República y la Guerra Civil, la ciudad cambiará su ritmo volcándose hacia Torre del Mar. Durante este medio siglo amplio, Vélez crece el doble de su tamaño, experimentando procesos urbanos y constructivos sin precedentes.
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